Capítulo VII: LA CONDUCCIÓN EN CONDICIONES ADVERSAS

 
Indice
 
 
 

En cualquier circunstancia en la que los neumáticos tengan menos adherencia al asfalto, es imperativo dejar un margen de seguridad en nuestro pilotaje mucho mayor. Esto significa menos velocidad, menos tumbada y mucha más anticipación en la previsión. Lo que nos llevará a distancias de seguridad amplias, así como a cambios de marcha y frenada mucho mas suaves. Evitar maniobras bruscas es fundamental.

Si se rueda sobre una superficie extremadamente resbaladiza , la velocidad se debe de adaptar para:

 

1º. Evitar los ataques atrasados a las curvas, haciendo la trazada más suave, sin cambios bruscos de trayectoria.

2º. Llevar una marcha larga. Esto permite que los cambios con el acelerador no se transmitan con brusquedad a la rueda trasera, haciéndola patinar y ladearse hacia un lado, resultando una inclinación rápida de la moto que nos obligará a una corrección brusca; todo ello es propicio para la caída.

3º. Reducir al mínimo necesario la inclinación de la moto en la curva y tumbar a la inglesa. El llevar el cuerpo más vertical y el centro de gravedad cerca de la línea de rodadura de los neumáticos, dificulta el deslizamiento lateral y ayuda a controlarlo mejor, en caso de que se produzca.
4º. Utilización muy suave y leve solo del freno trasero. El freno delantero es muy brusco y la derrapada de la rueda muy difícil de controlar.
 
SUPERFICIES RESBALADIZAS
 
El factor psicológico
 

El miedo que provoca al piloto rodar sobre superficies poco fiables, es un factor determinante para conducir mal y cometer errores.

La consecuencia más significativa es la pérdida de la relajación muscular y sujetar el manillar con fuerza, poniendo rígidos los brazos, con lo que se pierde la capacidad de dirigir con naturalidad la máquina y compensar sus movimientos. Cualquier alteración del tren anterior o posterior, se trasmitirá al resto de la moto a través de la rigidez del piloto, lo que provocara más aprensión y más rigidez, haciendo imposible conducir con un mínimo de fluidez.

La moto está perfectamente capacitada para rodar sobre superficies que no tienen un agarre óptimo, a menos que el piloto se lo impida con sus malas reacciones.

Tras adoptar las precauciones mencionadas, hay que dejar que la moto haga su trabajo y esforzarse en mantener el cuerpo relajado.

 
LLuvia
 

La lluvia no solo disminuye la adherencia de los neumáticos, sino que puede añadir frío y entorpecer la visión del piloto. A las tres cosas hay que prestarle atención.

En cuanto al problema de adherencia, hay que tener especial cuidado en los primeros momentos de lluvia ya que el agua puede formar un barrillo peligroso con la suciedad del asfalto.

Sabemos que las ruedas, aún con su temperatura óptima de trabajo, precisan de un buen contacto con el asfalto para mantener su agarre. Cuando existe agua sobre el suelo, los surcos del neumático intentan evacuarla hacia los lados, pero es inevitable que en la parte anterior de la huella de contacto se acumule más cantidad de agua que que termina interponiendose, disminuyendo así la superfice disponible para el agarre de la goma (fig. 7.1A). Esto lo nota el piloto en sus sensaciones, provocándole inseguridad. Cuando existe demasiada agua o se va demasiado rápido, los surcos no terminan de drenar ese agua por completo y se interpone una película acuosa a lo largo de toda la huella de contacto, es decir, entre el neumático y el asfalto. El resultado es el deslizamiento y pérdida del control de la moto ("aquaplaning" fig. 7.1B).

Figura 7.1 A: El agua se acumula por delante de la huella de contacto, recuciendola por su parte enterior. B: Si los surcos no pueden evacuarla por completo se instaura el "aquaplaning".

Con unos buenos neumáticos de lluvia disminuye el problema de la conducción sobre mojado, pero hay que tener en cuenta el desgaste: unas gomas al 50% pueden valer todavía en seco, pero serán peligrosas sobre agua.

Para evitar los cambios bruscos de inercia de la moto se tiene que empezar a frenar con suficiente antelación, procurando no cargar en exceso el freno delantero; por tanto, iniciar la frenada con el trasero y terminar de ajustar suavemente con la maneta, de forma que se llegue al momento de atacar el giro con la velocidad adecuada, para asegurar el no tener que utilizar los frenos durante el paso por curva.

Es conveniente evitar retrasar los ataques a la curva para hacer la trazada más redonda, de manera que no se fuerce ni la tumbada ni la trayectoria de la moto.

También se debe de procurar abrir el gas de manera suave utilizando, si es necesario, la zona de fricción del embrague en los casos en los que intuimos que la fuerza del motor se va a transmitir de una manera demasiado brusca a la rueda trasera.

 
Vídeo 7.2: Conducción sobre suelo mojado. Las clave es ir relajado, la suavidad con el gas, el freno y los cambios de marcha, con mucho apoyo en la zona de fricción del embrague y retención de motor. Fluidez con poca tumbada y escaso traslado lateral de peso. Equilibrio en los derrapes controlados de rueda trasera. (Exibición de Kiyonari en Donigton Park 2008)
 

El problema de la visibilidad viene por tres hechos: la cortina del agua que cae por delante de la moto, la que se retiene sobre la pantalla del casco y, por último, la tendencia de esta a empañarse con la respiración del piloto.

Lo único que podemos hacer con la cortina de agua que dificulta la visión de la carretera, es moderar la velocidad, tanto más cuanto menos discriminación tengamos en la distancia, de forma que se tenga tiempo a reaccionar ante imprevistos.

El agua que retiene la pantalla del casco, agrava su transparencia, tanto más cuanto más sucia esté o cuanto más rayas o imperfecciones tenga. Por tanto, lo primero es llevar la pantalla como nueva y, lo segundo, que esté limpia , tanto por fuera como por dentro y esto si que está en nuestra mano. Se puede quitar esa agua periódicamente, barriéndola con el dorso del dedo pulgar izquierdo pero, si está sucia, lo único que haremos será agravar el problema. A veces, girar la cabeza un poco hacia ambos lados hace que el propio aire limpie algo de esa agua que está estorbando la visión a través del casco. Existen líquidos en los comercios que, aplicados sobre la pantalla, facilitan que las gotas de agua resbalen con rapidez y no se queden sobre ella.

Para evitar que la pantalla se empañe, hay que utilizar cascos que tengan una buena aireación interior, aún cuando aquella esté cerrada. En su defecto, un truco efectivo es evitar que la pantalla se cierre por completo, dejando una pequeña apertura para que pueda pasar el aire. Esto se consigue poniendo alguna cinta adhesiva sobre la mentonera o cualquier cosa que haga la misma función.

Si el agua traspasa el traje del piloto, el frío le engarrotará y hará disminuir la concentración. Ambas cosas son muy peligrosas. Por tanto, hay que llevar las prendas impermeables apropiadas para que eso no suceda.

Los guantes deben de ponerse por dentro de la chaqueta o impermeable, de lo contrario todo el agua que resbala por la manga se introducirá por dentro de ellos y mojará las manos haciéndolas presa del frío, convirtiendo la conducción en un calvario.

 
Gravilla
 

La gravilla es una piedra muy fina que puede espolvorear el asfalto y se comporta como cojinetes bajo las ruedas. Si nos encontramos de pronto rodando sobre gravilla y no nos hemos caído, significa que si no hacemos maniobras incorrectas, ya no nos caeremos. En ese momento, lo peor que podemos hacer es frenar o quitar de manera brusca la aceleración, con la marcha engranada. Es mejor dejar que la moto ruede a su inercia, accionando el embrague, disminuyendo en la medida de lo posible la inclinación de la tumbada que llevemos, y no accionando los frenos o hacerlo con el trasero, de manera muy suave.

 
Rayas blancas y señales de tráfico sobre el asfalto
 

Son superficies sobre las que siempre hay que tener precaución. Si ha llovido y están mojadas, se vuelven muy resbaladizas y hay que procurar evitarlas, pasando entre ellas o, si no es posible, mantener la moto lo más vertical al pisarlas, sin acelerar ni frenar la moto en ese momento.

 
Manchas de aceite, gasolina o gas oil
 

Pueden hacer derrapar las ruedas a poco que la moto lleve algo de tumbada. La única defensa es detectarlas en la distancia y evitarlas. Se suelen encontrar en las curvas que hay en las inmediaciones de las gasolineras y, por lo general, son debidas a las pérdidas de los depósitos mal cerrados de los camiones.

 

Nieve

 

Evitar, siempre que sea posible, conducir sobre nieve. Cuando ha nevado sobre nieve previa, suele haber placas de hielo debajo de la capa reciente suelta y la caída, en caso de pillarlas, está asegurada. Si la nieve es nueva, estará lo suficiente suelta, como para que las ruedas la aparten. Aprovechar la rodada de otros vehículos, puede no ser buena idea, porque el agua del asfalto está más expuesta al frío, y suele haber placas de hielo cuando menos se espera. En cualquier caso, hay que rodar con mucha precaución, como si se tratara como lo que es, una superficie muy resbaladiza. Aquí, mas que sobre ninguna otra, hay que estar atentos a colocar un pié de apoyo, para evitar la caída por derrape de rueda, por lo que la velocidad tiene que ser muy baja.

 
 
VIENTO
 

En caso de viento fuerte constante, en especial si este es lateral, la moto tenderá a inclinarse y desplazarse, obligándonos a contrarrestar con un traslado de peso corporal en contra del viento, hasta encontrar el equilibrio que nos mantenga en la dirección apropiada.

Dado lo importante que es reducir la superficie de contacto con el aire, es aconsejable esconder el tronco detrás del parabrisas, inclinándolo sobre el depósito de gasolina.

Una velocidad moderada se impone, pero manteniendo siempre una aceleración adecuada para mantener constante el empuje de la moto. En estas circunstancias, adelantar a los camiones implica el cese instantáneo de la fuerza que nos está intentando desequilibrar. Si no estamos atentos al traslado de peso que llevamos, la moto se desviará de forma brusca hacia el camión o invadirá el carril contrario, al terminar de pasarlo.

El problema se complica si el viento no es constante y viene bajo la forma de rachas bruscas o incluso en direcciones cambiantes, lo que pondrá a prueba nuestros reflejos. En estos casos en los que la fuerza que desequilibra cambia con bastante rapidez o, incluso brusquedad, la corrección hay que hacerla con contramanillar.

En caso de viento muy fuerte y no digamos si se acompaña de lluvia u otras condiciones adversas, lo mejor es parar y tomarnos el contratiempo con filosofía.

 
NIEBLA
 
La niebla, aparte de la visibilidad que escamotea, suele acompañarse de tiempo frio y asfalto mojado, lo que provoca que la visera se empañe con faciidad, agravando la visión, y que las ruedas no tengan toda su adherencia habitual. Por tanto, más que una técnica de conducción, es una relación de normas de prudencia:
 

1. Conducir a la velocidad adecuada a la profundidad de visión que se tiene, teniendo presente que, en cualquier instante, nos veremos obligados a frenar por la presencia de otro vehículo.

2. Observar la línea del arcén o la del intercarril, es un buen punto de referencia para dirigir la moto.

3. Adoptar las normas descritas para la conducción sobre mojado, teniendo especial precaución en evitar las líneas blancas de señalización, sobre el asfalto, ya que la nieble suele humedecerlas.

4. Poner los faros antiniebla, si se llevan, y las luces cortas, que reflejan menos sobre las partículas en suspensión y permiten mejor visión por la noche.

5. Señalizar bien nuestra posición, para hacernos pronto visibles a los vehículos que vienen por detrás. Los dos intermitentes son una buena solución, al igual que un chaleco reflectante.

6. Dejar una rendija inferior en la visera, para evitar que se empañe.

7. Adelantar a otro vehículo solo si es necesario y cercionándose de que lo podemos hacer sin realizar maniobras bruscas y con mucho margen de confianza.

 
 
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